Noticia publicada el miércoles 06 de mayo de 2020 en www.agronomia.uchile.cl por Francisca de la Vega – Periodista Campus Sur.

A nivel nacional, nuestro abastecimiento depende de las cadenas entre productores e intermediarios que comercializan los productos a grandes centrales de distribución mayorista o a menor escala como ferias libres, supermercados, instituciones o restaurantes.

“La cadena de abastecimiento de productos agropecuarios en Chile, es sostenida en su mayoría por la producción nacional, proveniente del segmento de productores denominado Agricultura Familiar Campesina (AFC). Si bien, los productos provenientes del campo chileno se obtienen de este segmento, para llegar al consumidor final hay una gran intermediación en el proceso”, explicó José Lladser, especialista en gestión y comercialización del Centro de Extensión Hortícola “Cultiva UChile” de nuestra Facultad.

De acuerdo con el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), se creó un comité de la cadena agroalimentaria nacional, integrado por representantes de comercializadores de productos agropecuarios, así como por el Servicio Agrícola Ganadero (SAG) y la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) para asegurar el abastecimiento y tomar todas las medidas necesarias para no terminar con la cosecha y trabajos de packing y asegurar el bienestar del millón de personas que trabajan ligados a la agricultura.

Productores y comercializadores están tomando serias medidas de bioseguridad para proteger a los trabajadores y a la población, con restricciones de acceso y salida del personal de las unidades productivas, recomendaciones de higiene personal y uso de elementos de protección como mascarillas, guantes, etc; y reorganización de los trabajos para evitar aglomeraciones de gente.

“Para los productores chilenos INDAP ha presentado un documento denominado “Recomendaciones para el trabajo en predio agrícola frente al COVID-19”, en el cual recomienda mantener una higiene apropiada de manos y superficies, para todas las personas que están involucradas en la actividad productiva. De forma general, debe reforzarse la limpieza y desinfección de maquinaria, utensilios y zonas de trabajo, con las que tienen contacto. En invernaderos, almacenes, despachos y cualquier otra dependencia, deben realizar limpieza y desinfección periódica, centrándose en las manillas, muebles, suelos, teléfonos, etc, donde exista un alto contacto de superficies con las personas”, destacó Lladser.

A la implementación de estas medidas de bioseguridad, se suman complejidades para la comercialización. Según Lladser, “existen ciertos predios que son de difícil acceso o unidades productivas muy pequeñas, que no permiten generar un volumen mínimo rentable para el traslado de los productos”, lo que representa un importante desafío para los productores agrícolas, ya que hay que desarrollar mejores estrategias para resolver esta situación.

Basándonos en principios de sostenibilidad, algunas de estas estrategias podrían generarse a partir de la participación de la comunidad en las cadenas de producción y abastecimiento, con el objetivo de crear redes de distribución más directas.

“La participación de la comunidad en las cadenas de producción y abastecimiento de alimentos se hace fundamental para la generación de redes resilientes, y vínculos cercanos con la producción primaria que permitan financiarla de mejor manera, y darle condiciones laborales apropiadas, conduciendo los sistemas agroalimentarios locales hacia las necesidades reales de la población en torno a alimentos sanos, nutritivos, culturalmente apropiados, etc. Aquí los canales cortos de comercialización son fundamentales, así como también los sistemas participativos de garantía y las instancias participativas de gestión de decisiones territoriales en torno a lo alimentario”, señaló Francisco Lagos, médico veterinario, encargado de Vinculación con el Medio de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de nuestra Universidad.

Por otra parte, el desafío de la comercialización de los productos agropecuarios en esta emergencia sanitaria abrió la oportunidad a un nuevo modelo de negocio: el de distribución a domicilio. Muchos emprendedores han aprovechado esta iniciativa para satisfacer la demanda del consumo de alimentos en medio de esta crisis sanitaria que tiene al país con restrictivas medidas sanitarias que afectan el libre desplazamiento y el acceso a lugares de venta.

“Estas iniciativas podrían impulsar en la disminución de la gran intermediación existente en la práctica comercial del agro, mejorando así los márgenes para los agricultores, por obtener mayores precios de venta, como también disminuir los costos para los consumidores finales, al existir una menor intervención de partes que desean obtener un beneficio por cada transacción realizada”, señaló Lladser, destacando que el producto que recibe el consumidor es prácticamente el mismo que fue cosechado, “por lo que la intermediación no aporta a darle un valor agregado al producto en sí”.

Los circuitos cortos podrían adquirir, entonces, mayor importancia en la comercialización de los productos y se podría hacer alianza con los pequeños negocios locales que también han tenido un auge en los territorios desde el llamado “estallido social” y ahora con la emergencia sanitaria, por las restricciones de acceso a lugares de venta más grandes como supermercados.

En el caso de los productos de origen animal, hay ciertos factores a considerar al momento de su comercialización. La iniciativa de los pedidos a domicilio, denominados como “delivery”, levanta suspicacias sobre el origen y mantención de los alimentos durante el desplazamiento, ya sean crudos o preparados.

En medio de la crisis sanitaria, específicamente por el contagio de coronavirus, existe tranquilidad al momento de consumir productos de origen animal, pues no tienen la capacidad de transmitir el virus. Sin embargo, puede haber complicaciones en el transporte o en la cadena de distribución que pueden afectar la calidad de los alimentos. 

“Lo principal es la confianza”, aclaró el profesor Claus Köbrich, académico del Departamento de Producción Animal de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de nuestra Universidad. “Los riesgos de los alimentos van con el desconocimiento del origen. Cada vez que hacemos actos de compra hacemos un acto de fe sobre la seguridad de lo que estamos comprando. Hay más conciencia de que los alimentos nos pueden afectar y por ello hay ciertos criterios en el acto de compra”, agregó.

Los médicos veterinarios cumplen un rol fundamental en la cadena de producción de los alimentos de origen animal que consumimos a diario y por ello hacen hincapié en la importancia de mantener altos estándares de calidad en todo el proceso productivo para que el producto llegue totalmente inocuo a la mesa de la población.

Por esta razón, el profesor Köbrich insiste en verificar la procedencia de los productos “y que aquellos que requieren mantener una cadena de frío, deben proceder de canales formales para tener garantías de la calidad del producto”.

La cadena de suministro de alimentos es vital para mantener la salud de la población, bajo cualquier escenario, sea o no de contexto de pandemia, y en base a eso es que todos los actores juegan permanentemente un rol clave para que no haya interrupciones y que los productos agropecuarios lleguen a manos de los consumidores en buenas condiciones.

Francisca de la Vega Planet – Periodista Campus Sur