Por el Profesor Oscar Seguel.

La preparación de suelos busca generar las condiciones óptimas para el establecimiento y posterior desarrollo del cultivo, por lo que su ejecución se debe adaptar al tipo de cultivo y a la condición en la que se encuentra el suelo. En este sentido, no siempre es necesario realizar preparaciones profundas ni tampoco pulverizar el suelo:   – En el primer caso, si se ha generado un pie de arado (zona compacta entre los 20 a 30 cm de profundidad producto del paso del arado a una misma profundidad) se puede optar por una labranza vertical (por ejemplo, con cincel), que puede entrar hasta 35 cm y romper la zona compacta, es necesario tener presente que el suelo no debe estar húmedo para lograr un rompimiento óptimo.  Si el suelo se encuentra bien estructurado en profundidad (presenta poros, raíces del cultivo anterior) no es necesaria una labranza profunda, el costo energético se eleva debido al mayor consumo de combustible y al desgaste de los equipos.   – Por otra parte, si se desea establecer un cultivo cuya semilla es muy pequeña (por ejemplo, zanahoria, cebolla), el mullimiento debe ser óptimo en la zona de la semilla, no más abajo. Nuevamente, si el suelo presenta buena estructura, no se requiere destruirla totalmente para lograr el contacto suelo-semilla, un rastraje con un implemento liviano (rastra de discos, rastra de clavos) ayudará a obtener una buena cama de semillas.   En cualquier caso es necesario tener presente que cualquier preparación de suelos se debe realizar con una humedad óptima:  Esto se puede comprobar tomando una masa de suelo en la mano y apretarlo, si se desmenuza con poco esfuerzo se encuentra en un estado friable del suelo, entonces la cama de semilla se obtendrá con pocas pasadas. Si el suelo está muy húmedo, al apretarlo se deformará como una plasticina, en este caso es necesario esperar algunos días para que llegue al punto friable. Pasar el arado o la rastra en esta condición sólo generará masas de suelo de gran tamaño que al quedar expuestas se secarán, dificultando su posterior rompimiento.   – Si el suelo está muy seco, al apretarlo con la mano no se podrá romper (en este caso es necesario regar o esperar una nueva lluvia para que el suelo tenga más humedad). Pasar el arado o la rastra en esta condición sólo generará roturas parciales de terrones, por lo que para llegar a tener una buena cama de semilla se tendrán que realizar muchas pasadas de rastra, e igualmente el suelo tenderá a quedar terronudo.   Finalmente, como no siempre existe independencia respecto al momento en que se requiere hacer la labranza, es necesario tener presente que un manejo que considere la aplicación anual de enmiendas orgánicas (estiércoles, compost, rastrojos de cultivos, residuos de poda) ayudará a aumentar el rango de friabilidad del suelo, de manera que posterior a una lluvia rápidamente estará en condiciones de ser labrado, y este estado óptimo durará por más tiempo en relación a un suelo que no se le han aplicado enmiendas.

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